Historias
CARLOS GAYOL
Saludó con la mano a su viejo vecino que en ese momento parecía haberse quedado petrificado sobre la mecedora. Para ir a la iglesia tenía que cruzar el bosque. Su propósito era firme. Sabía que esto sería especialmente difícil pero no podía dejarse vencer al primer intento. Recorrió el trecho