PANDEMONIA
Su juguete sexual preferido era el cepillo del váter.
Su juguete sexual preferido era el cepillo del váter.
He leído tu libro y es un buen libro, teniendo en cuenta lo escaso del papel higiénico.
Los hombres descarrilan en mis curvas sólo si están como un tren, no tengan miedo señores.
Mujer pervertida sale con dos.
—¿Te vas a casar con ella? —Sí, es que estoy ensayando planes de fuga…
—¡Evribody… Internasional stop! – gritaba, y daba besos al aire cuando pasaban los clientes con “pasta” –la contraseña del Bar Kiss, donde trabajaba- o cantaba sapore di sare, sapore di mare, sapore di te… o silbaba una melodía romanticona y de lo más cursi a los dorados y adinerados nuevos ricos
¿Edipo nació cornudo y murió huérfano de amante? ¿Y esos tíos se lo creían?
—¿Qué le ha pasado a tu pierna? —¡Oh, Susana, es horrible, creo que se han pasado en la operación de alargamiento de pene!
Brasileiras. Blanca y negra. El día y la noche. Aunque la noche era optimista y el día no. Psicoanálisis en la esquina, sin diván, sin psiquiatra, sin cita previa, a cualquier hora. Sólo dos grandes culos.
No estamos llenos –dices– y bien, qué más da. Todo aumentará de nuevo algún día, incluso los gusanos recorriendo tus góticas arterias. Con nueva índole –lo sé– me regalarás aquel puro y aquellas ligas de color rojo que te pedí, estoy segura. Vale, he comprendido, hoy no te mato. Conservarás
Como dormidas lilas Con armónicas brisas Por amores locos.
Labios finos, cejas finas, ojos saltones, calvo, macilento y recto como el cartón, esperaba frente a la puerta con la mirada inerte de un asesino. Una mueca indefinida en su cara, una extraña sonrisita que nunca se sabía si era de simpleza, decepción o desconfianza. Le llamaban “El polla mecánica”