TAU
El árbol en otoño le envía dorados telegramas a la tierra y en primavera esta le devuelve el reverdecido acuse de recibo.
El árbol en otoño le envía dorados telegramas a la tierra y en primavera esta le devuelve el reverdecido acuse de recibo.
Eso es fácil, conviértala en funcionaria y afíliela a un sindicato… aunque, la verdad, bastante desprestigiada está ya… no veo razón para ensañarse!
Las ideas que se cuecen en la cazuela del sombrero no son lo mismo que las que se cuecen en la sartén de la pamela… ni en el cazo de las gorras proletarias… ni en las planchas de las chapelas… ni en el perol de los cascos bélicos… ni en
«A la derecha española ya sólo le falta pedirnos que celebremos el 20-N»
¡Qué lástima que lo que de lejos parecía un interesante e híbrido alquiler de traseros púbicos, de cerca lo era en realidad de trasteros públicos!
Esta tarde vi una extraviada gaviota, desenjaulada de su logotipo, excrementando con su guano volandero, famélicos avestruces de metal que hundían su insaciable pico en colmenas de cemento.
Tras el sonámbulo telón de las farándulas surge la vana audacia del bastardo que alardea en los mustios calveros de las plazas públicas –con la cólera del congregado por la hiena glotona– del espectáculo de sus farsantes y lóbregos orgullos. Estos dramáticos mendigos de la oportunidad, apestando a infernal sofisma,
Perdonad, amigos, que no os comente, es que estoy impartiendo un doctorado horroris causa por correspondencia y no me dejan tiempo mis alumnos pelotas…
Me apuesto los co.ones a que en cinco años la piratería se habrá oficializado y será Bil Gates el filibustero mayor. ¡Pero si son ellos los jodidos piratas!
Alguien dijo que Dios se encuentra en todas partes. Si eso es verdad, es sordo y ciego y mudo.
Mientras crecen enfurecidos los fusiles, bien disfrazados de sonoros sauces, resurgen, cantando himnos patrióticos, esos mártires y poderosos pelotones que aman la beatitud del condenado y encantan a las ortigas del pillaje sobre el incienso impuro y sacro que reavivan caritativos cerdos -como alimañas aldeanas y crueles- y marchan tras
Nadie sabe a ciencia cierta… quién es popi…? Se le oía decir «Entrad en los Mundos de Popi, una parte de mi mente que, desde ahora, también os pertenece. Disfrutad de ella. Yo lo hago…» … Y nos preguntamos ¿Cómo era ella? ¿Por qué disfrutaba de ella? ¿Era suya ella? ¿Qué