Gracias a una escritora mexicana cuyo nombre no...
Gracias a una escritora mexicana cuyo nombre no se quiere adherir a mi teflón craneal, descubrí que Freud era cariñoso; hipersexuado, narcisista y en extremo sublimador, pero a toda madre.
Gracias a una escritora mexicana cuyo nombre no se quiere adherir a mi teflón craneal, descubrí que Freud era cariñoso; hipersexuado, narcisista y en extremo sublimador, pero a toda madre.