Extraño encuentro

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Extraño encuentro

La tarde era gris y melancólica mientras caminaba sin rumbo por las calles desiertas de mi ciudad. Un sutil viento soplaba entre los edificios abandonados, trayendo consigo un escalofrío que recorría mi espina dorsal. El ambiente parecía envuelto en un halo de tristeza y nostalgia, como si el propio paisaje estuviera llorando.

Fue entonces cuando, al doblar una esquina, vislumbré una figura conocida en la distancia. Mi corazón dio un vuelco al reconocer a mi viejo amigo, David, quien había decidido poner fin a su vida hace ya varios años. La sorpresa se mezcló con la incredulidad mientras mis pies se arrastraban, impulsados por una extraña fuerza, hacia él.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, nuestras miradas se encontraron. Sus ojos eran oscuros y profundos, con un brillo que parecía trascender el tiempo y el espacio. Sin mediar palabra, supe que algo había cambiado en mí. Una certeza indescriptible se apoderó de mi ser, como si los hilos que me mantenían anclado a este mundo se hubieran desvanecido.

David me miró con una sonrisa triste en los labios y pronunció las palabras que marcarían mi destino: "Amigo, ya no estás vivo, pero tampoco estás muerto. Eres un viajero entre mundos, atrapado en una dimensión desconocida". Las palabras resonaron en mi mente como ecos lejanos, mientras luchaba por comprender su significado.

Desde aquel encuentro, mi existencia se volvió una extraña amalgama de realidades. Percibía el mundo a mi alrededor, pero también era consciente de que mi presencia era efímera, etérea. Me convertí en un espectador silencioso de la vida de aquellos que aún habitaban el plano terrenal. Observaba las sonrisas, las lágrimas, los amores y las despedidas, todo desde la penumbra de mi nueva condición.

A medida que el tiempo pasaba, descubrí que tenía la capacidad de comunicarme con otros seres en circunstancias similares. Nos encontrábamos en los rincones más oscuros de la realidad, compartiendo nuestras historias y reflexionando sobre el significado de nuestra existencia en este limbo entre la vida y la muerte.

Sin embargo, cada vez que me acercaba a alguien del mundo de los vivos, sentía una extraña incomodidad. Mi presencia parecía perturbar su paz y traer consigo una sensación de angustia inexplicable. Me convertí en un paria, condenado a vagar por los intersticios de la existencia sin poder encontrar mi lugar en ninguna parte.

Con el tiempo, comprendí que mi encuentro con David había sido una señal, una advertencia de que mi tiempo en este estado de transición llegaba a su fin. Me había aferrado demasiado tiempo a la vida que ya no me pertenecía y era hora de despedirme.

En una noche de luna llena, me desvanecí lentamente en la bruma de lo desconocido. Mis pensamientos se desvanecieron y mis recuerdos se desdibujaron hasta convertirse en nada. Me entregué al abrazo del olvido, con la esperanza de encontrar una nueva existencia en algún rincón del vasto universo.

Y así, mi historia se desvanece en las páginas del tiempo, dejando una huella fugaz en la memoria de aquellos que aún habitan los confines de la realidad. Pero si alguna vez te encuentras con un amigo que hace tiempo se suicidó, sé consciente de que la muerte no siempre es el final. Puede que también descubras que, de alguna manera, estás muerto y vivo a la vez, un viajero en el umbral de los mundos desconocidos.

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By A. Alfaro